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EN UN DÍA COMO HOY
El 17 de abril de 1979 se crea en Viña del Mar la Escuela de Aviación Naval "Guardiamarina Guillermo Zañartu Irigoyen", nombre que recuerda al oficial que en 1919 obtuvo su título de Piloto Aeronaval en la Escuela de Aeronáutica Militar de El Bosque, junto al Teniente Segundo Manuel Francke Mariotti. Nacido en 1897, Guillermo Zañartu Irigoyen era un joven guardiamarina que, aunque había ingresado a la Armada, tenía un gran amor por los aviones, y por lo tanto se especializó en ellos. En 1921, Zañartu trabajaba en el aeródromo de El Bosque, en Santiago. A pocos días de dejar el lugar, solicitó permiso para efectuar un vuelo de despedida en un biplano, procediendo los mecánicos a revisarlo, hasta quedar en condiciones de buen funcionamiento. Jovial y alegre, el Guardiamarina Zañartu conversó con sus compañeros hasta el momento de dirigirse al biplano, invitando al teniente de ejército Marcial Espejo, su mejor amigo, para que fuera como pasajero en este vuelo. Eran las 11:30 hrs. del 03 de Mayo de 1921, cuando el avión inició su despegue. Recién salía de los límites del aeródromo cuando, al iniciar un pronunciado viraje a la derecha, se le vio encender violentamente hasta desaparecer detrás de unos árboles; una columna de humo, precedida de una detonación, indicó la tragedia. El Guardiamarina Zañartu, que había logrado salir ileso del aparato, regresó corriendo hacia él y se perdió entre las llamas en su afán de salvar al teniente Espejo, quien, por no haberse colocado las amarras que debían mantenerlo sujeto al avión, sufrió un rudo golpe que le produjo la pérdida del conocimiento. Tras inútiles esfuerzos, el valiente marino reapareció entre los escombros en llamas, esta vez semidesnudo, desfigurado y con el cuerpo convertido en una sola llaga. Al notar la presencia de algunas personas, Zañartu no pudo contenerse y, con voz firme, sin demostrar dolencia física alguna, exclamó: “Saquemos a Espejo que se está quemando; pronto, pronto”. Tal como estaba, se precipitó una vez más en medio de las llamas, tratando de salvar a su amigo. Todo fue en vano: el cuerpo del teniente Espejo yacía completamente carbonizado entre los restos del avión. Socorrido por sus compañeros, fue llevado a la posta de San Francisco, ingresando a ella caminando y rehusando toda ayuda. Exclamaba a cada momento, “hay que ser hombre hasta el último”. Y tal como dijo, lo hizo. Rodeado por su familia y amigos, sin expresar una sola queja, Zañartu muere a las 16.45 hrs., después de cinco horas de terrible agonía, convirtiéndose en uno de los primeros mártires de la Aviación Naval.


[Volver]   Fecha :  17/ABR/2017