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EN UN DÍA COMO HOY
El 12 de enero de 1839 se desarrolló la más importante acción naval de la guerra emprendida por nuestro país contra la Confederación Peruano-Boliviana liderada por el General Andrés Santa Cruz que era oriundo de este último país, asociación política que representaba un peligro para la soberanía de Chile. La contienda se verificó en la bahía de Casma situada en la costa norte del litoral peruano donde se encontraba la segunda división de la flota chilena al mando del Capitán de Navío Roberto Simpson Winthrop e integrada por la fragata "Confederación" y las corbetas "Valparaíso" y "Santa Cruz". La Escuadra de la Confederación, al mando del Capitán de origen francés Juan Blanchet estaba compuesta por la corbeta "Edmond", bergantín "Arequipeño", la barca "Mejicana" y goleta "Perú", con 300 hombres de abordaje. La Batalla Naval de Casma fue un fuerte golpe para el dictador Andrés Santa Cruz, que perdió el dominio del mar, ganado por Chile con este triunfo. La desmoralización fue otra de sus consecuencias. Ocho días después, el 20 de enero, el Ejército ganaba la batalla de Yungay que ponía fin a la Confederación Perú–Boliviana, que fue estimada por el gobierno del General Prieto, como una amenaza para la supervivencia de nuestro país. A finales de 1838, el general Andrés de Santa Cruz, jefe supremo de la Confederación Perú-Boliviana, al lograr retomar la ciudad de Lima tras la retirada estratégica de los restauradores al norte del Perú, se dio en la tarea de organizar en el puerto del Callao una fuerza naval que pudiera hacerle nuevamente frente a la escuadra chilena, que tras varias operaciones navales había logrado derrotar por completo a la Armada Confederada Perú-Boliviana y mantenía bloqueado los puertos peruanos. Si bien tal medida resultó tardía, ya que el ejército chileno había desembarcado en territorio peruano y el dominio del mar por parte de Chile parecía indiscutible, una derrota de estos y la necesidad de nuevos refuerzos por mar hacia el Perú harían factible el uso de una fuerza naval que sea capaz de impedir el envió de estas fuerzas, capturando los transportes que lleven esas tropas; y además poder interrumpir las comunicaciones entre la armada y el ejército; y disputarle el dominio del mar a la escuadra chilena. El protector Santa Cruz para dar comienzo a la creación en el puerto del Callao de una fuerza naval para enfrentar a la escuadra chilena se valió de un decreto que su gobierno emitió el 17 de junio de 1837, que autorizaba la guerra de Corso, ofreciendo de esa manera halagos, elementos fiscales y recompensas a los particulares que estuvieran interesados. Ante ese llamado, varios extranjeros residentes en Lima y en el puerto del Callao se ofrecieron para armar y tripular buques mercantes para la guerra. Es así, que varios comerciantes franceses de apellido Remy, Laurent, Nussard y otros armaron a la corbeta francesa Edmond con 25 cañones. De igual modo un norteamericano llamado John Eldredge puso su barca llamada Mejicana a disposición de Santa Cruz, y otros extranjeros, entre ellos el argentino Bedoya, armaron la goleta Perú con 10 cañones. Estos buques fueron tripulados en su mayoría por marinos extranjeros, prevaleciendo mayoritariamente los de nacionalidad francesa, y el comando de la fuerza naval corsaria se le daría a Juan Blanchet, marino que también era de nacionalidad francesa. Este marino y también aventurero francés había llegado al Callao en 1838, como primer timonel de la corbeta Edmond. En ese año compró la nave en la cual servía y con ayuda de varios compatriotas suyos y los arsenales del Callao logró tripular y armar el buque. Precisar que si bien la marinería de esta escuadrilla corsaria era en su mayoría extranjera, la tropa o infantería de mar embarcada en estos buques era exclusivamente de peruanos sacados del ejército protectoral. Las primeras de estas naves en entrar en servicio con sus respectivas patentes de corso fueron la corbeta Edmond bajo el mando del mismo Blanchet y la goleta Shamrock o Perú bajo el mando del teniente 1° de origen inglés Guillermo Mason, que servía en la armada argentina, pero que había ingresado al servicio de la armada confederada con dicha clase militar, el 19 de abril de 1837. Posteriormente se incorporaría a esta escuadrilla, el 15 de diciembre, la barca Mejicana con 18 cañones, la que no pudo participar en las primeras operaciones corsarias, al no estar lista con anterioridad. El 10 de enero fondeaban en la bahía de Casma la división naval chilena al mando de Simpson, quedando el mercante Isabella al interior del saco cercano a la playa y al bosque de la hacienda requerida. Los otros tres buques de guerra quedaron fondeados formando una cuña hacia la boca de la bahía. Terminada esa maniobra de fondeo, se arriaron las velas, se trincaron las maniobras y se prepararon las baterías en caso de una emergencia. Por precaución, Simpson hizo desembarcar un piquete de soldados del batallón Carampangue, quienes tenían la misión de vigilar la bahía desde la altura del cerro Codrington en caso de avistar velas enemigas. El día 12 a mediodía, mientras se faenaba la leña, los vigías del cerro Codrington anunciaron la presencia de cuatro velas que venían desde el sur. Simpson avisado de la presencia de esos cuatro buques, ordenó el reembarco de la tripulación que estaba trabajando en tierra para aprestarse ante un posible combate con buques enemigos. Blanchet que se había enterado del fraccionamiento de la escuadra chilena y de que la flotilla de Simpson era menor, decidió atacar con esa ventaja a esos buques mediante la táctica del abordaje. Los chilenos en Casma tenían menos buques, aunque con mayor número de cañones. Pero la desventaja es que los buques chilenos se encontraban en faena de carga, con campo de tiro limitado y sin posibilidad de zarpar con rapidez con viento sudoeste por la proa y amura. Simpson al percatarse de que aquellas velas que se acercaban rápidamente eran buques enemigos, se preparó con sus fuerzas para el combate y despachó por tierra un correo a Santa para comunicar al jefe de la escuadra García del Postigo la situación. Simpson comprendió que para el combate que se libraría no tendría tiempo para embarcar a toda la gente, no sería posible aparejar y veía una ventaja táctica de los buques enemigos por su movilidad. Por esto, determinó la defensa estática de los buques confiando en la calidad de la tripulación; compuesta por la marinería y por soldados de mar que formaban la guarnición de los buques, siendo estos destacamentos porciones del batallón Carampangue comandados por el capitán Andrés Campos, y también confiando de los efectos que podrían producir sus cañones contra los buques corsarios que se dirigían hacia él para empezar el ataque. A las 16:30 horas el bergantín Arequipeño, al mando de Enrique Silvester, entró en la bahía y después de reconocer a los buques chilenos, salió para reunirse con el resto de los buques corsarios con la intención de informar la situación del adversario y esperar ordenes de Blanchet. Los buques chilenos estaban fondeados con un ancla, presentando todos el costado de estribor al enemigo y en una disposición defensiva de triángulo isósceles. La corbeta Confederación ocupaba el vértice más occidental (centro), la corbeta Valparaíso el vértice norte (cola) y la barca Santa Cruz el vértice sur (cabeza). El transporte Isabella se encontraba al interior del puerto protegida por esta disposición táctica. Aproximadamente a las 17:00 horas, Blanchet aprovechando el viento a favor entró con sus buques resueltamente al puerto para atacar a los buques chilenos, avanzando a la cabeza de la escuadrilla el bergantín Arequipeño y la corbeta Edmond, y luego la barca Mejicana y la goleta Perú, todos en ese orden. El bergantín Arequipeño y la corbeta Edmond se dirigieron sobre la corbeta insignia chilena Confederación para abordarla cada una por una banda. Mientras que la barca Mejicana y la goleta Perú se adelantaron y pasando por el frente de la Confederación, a la que le hicieron un par de disparos, se ciñeron al viento sin acortar la vela con la intención de abordar a la corbeta Valparaíso. El capitán Silvester que iba a la delantera y el comandante Blanchet en segundo lugar, y con sus respectivos buques, al maniobrar para abordar la corbeta Confederación cometieron el error de ir a excesiva velocidad, por lo que el Arequipeño chocó contra el costado de babor de la misma nave rompiéndole la cabullería del palo trinquete y enredándose con el buque. Por su parte, la Edmond se estrelló violentamente contra la proa de la nave chilena, destrozándole el bauprés y enredando su jarcia con la de su adversaria. En ese momento se produce entre ellos un combate de “Toca Penoles”, de una hora y media de duración en la que los corsarios se esforzaron en abordar el buque chileno que se resistía haciendo vivo fuego. El coronel y comandante de ingenieros chileno Santiago Ballarna, estando durante el combate naval a bordo de la corbeta Confederación, dice sobre la acción: "Era sin duda un espectáculo tremendo y sublime al mismo tiempo, ver a un grupo de 4 buques, la "Edmond", el "Arequipeño", la "Confederación" y la "Santa Cruz", todos a quemarropa, enredados los 3 primeros por un breve momento y después el segundo y el tercero haciendo un fuego infernal de cañón, de fusil, de granadas de mano, y la gritería incesante de nuestra gente con el imponente ¡Viva Chile! y la cubierta inundada de sangre y ardiendo al mismo tiempo, con la pólvora derramada sobre ellas." Durante esa hora, los dos corsarios confederados hicieron todo los esfuerzos posibles para abordar el buque chileno, pero sus defensores opusieron tan tenaz resistencia, que ni un solo atacante logró pisar su cubierta. La artillería disparaba a quemarropa y el fuego de fusilería era intensísimo produciendo muchas bajas a los corsarios, entre ellos estuvo el propio comandante Blanchet que resultó muerto por un disparo certero. La corbeta Edmond, sin su jefe, logró después de muchos esfuerzos desembarazarse de la corbeta Confederación, pero no pudiendo maniobrar bien, se fue a estrellar sobre la barca Santa Cruz enredándose con ella e iniciándose otro combate a quemarropa. La Confederación por su parte siguió combatiendo enérgicamente al Arequipeño con el que estaba enredado, aunque con su batería a babor le hacía también fuego a la Edmond. Mientras tanto, la barca Mejicana y la goleta Perú en vez de intentar abordar a la corbeta Valparaíso, fachearon su aparejo y la empezaron a cañonear. La Valparaíso estaba muy distante para responder a estos fuegos con los fusiles y sus baterías, ya que los dos corsarios apuntaban hacia sus costados, siendo difícil para el buque chileno responder efectivamente el fuego. En estos momentos, el combate estuvo bastante generalizado ya que los buques de cada bando le hacían fuego a cada buque adversario que tuvieran en la mira. Después de dos horas de intenso combate se comprobaba que los esfuerzos de los corsarios para obtener la victoria habían fracasado. La Mejicana y el Perú mermadas por el fuego a distancia se vieron obligados a salir de la bahía y pronto la Edmond, averiada por el combate y con perdidas, haría lo mismo luego de desenredarse de la Santa Cruz y adrizar su velamen para escapar, pero sin dejar de hacer fuego. En su retirada, la Edmond paso a corta distancia de la popa de la Confederación y por la proa de la Valparaíso, ocasión que aprovecharon los comandantes de ambas naves para descargar todo el fuego de fusilería y cañón que pudieran apuntarle. Por otra parte, el bergantín Arequipeño sin poder desenredarse de la Confederación fue desarbolado por los fuegos de este buque chileno, y posteriormente abordado por los marinos y soldados de mar chilenos. En este trance se producen 13 muertos entre ellos el comandante del bergantín, el capitán Enrique Silvester, y se hicieron 70 prisioneros de aquel buque, entre los que había muchos heridos. El resto de los buques corsarios emprendió la definitiva retirada, no pudiendo el comandante Simpson perseguirlos debido a las averías sufridas en las arboladuras de la Confederación y la Santa Cruz, que serían reparadas en los días siguientes, y el poco andar de la Valparaíso. La división naval chilena a pesar de enfrentarse a los buques corsarios a poca distancia tuvo solo 8 muertos y 8 heridos. Los corsarios con averías en sus buques y con bajas de personal huyeron hacia el sur, arribando el día 16 en el puerto de Huarmey para reorganizarse y hacer algunas reparaciones para volver a intentar un ataque. La noticia del combate llegó a ambos ejércitos al atardecer del día 15. Se ha supuesto que el resultado del encuentro quebrantó el ánimo de Santa Cruz, a lo menos con esto parecía acabarse la esperanza de recuperar el dominio del mar. Sin embargo, la escuadrilla de tres buques corsarios restantes que se encontraban en Huarmey fue reforzado por la llegada de un nuevo buque corsario bien armado y tripulado que estaba comandado por un teniente de navío de la marina francesa de apellido Cochón, quién con el regocijo y aprobación de los marineros de cada uno de los buques que eran en su mayoría connacionales con él, tomó el mando de la escuadrilla para reanudar la ofensiva. Este oficial era desertor del bergantín de guerra francés Alacrity que se encontraba surto en el puerto del Callao. Los corsarios al mando de Cochón estaban listos para volver a enfrentarse a las fuerzas navales de Chile, pero el comandante del Alacrity, de apellido Fleury, al enterarse de la deserción de Cochón se dirigió con su buque hasta Huarmey logrando interceptar a la escuadrilla corsaria a la que le exigió que entregaran al oficial francés, a lo que los corsarios respondieron negativamente por lo que Fleury los obligó a desistir de su empresa y dirigirse al Callao. Una vez en el puerto, los corsarios le facilitaron el escape a Cochón por medio de un bote para que pasara a tierra y se librara del juicio que Fleury le haría por haber desertado. En cuanto a los chilenos, Simpson luego del combate se había mantenido en la bahía de Casma para reparar la corbeta Confederación que no podía maniobrar sin sus jarcías de proa y la barca Santa Cruz que tenía el velamen agujereado. Por otra parte, el jefe de la escuadra chilena Carlos García del Postigo a los dos días después del combate, y luego de enterarse de los hechos, salía de Santa con la corbeta Libertad y la fragata Monteagudo con el objetivo de interceptar a los buques enemigos, pero estos ya habían entrado al Callao escoltados por el comandante francés Fleury. Ya sin jefe para dirigir la escuadrilla corsaria por los impedimentos del comandante Fleury, y al estar frente al puerto del Callao el comandante de la escuadra chilena García del Postigo listo para enfrentar a los corsarios si salían, estos decidieron ante toda imposibilidad de éxito y reconociendo la supremacía naval de Chile, desarmar sus buques y posteriormente navegar bajo bandera francesa hasta el puerto ecuatoriano de Guayaquil, alejándose de la guerra y dedicándose en este puerto al comercio marítimo. El gobierno protectoral para honrar la valentía de Blanchet en defensa de la Confederación Perú-Boliviana, trasladó su cadáver a la Catedral de Lima, donde se le realizaron solemnes exequias fúnebres. Ahora quedaban aseguradas las comunicaciones marítimas entre Chile y sus fuerzas en campaña en el Perú, y la aptitud del ejército chileno de movilizarse libremente por el mar y tener en todo momento el apoyo de la marina. La escuadra chilena, al mando de García del Postigo, solo se limitaría a bloquear el puerto del Callao donde se encontraba una guarnición militar confederada gobernándola. Pero al producirse ocho días después del combate naval de Casma el triunfo de Yungay, la plaza del Callao capitularía finalmente el 6 de marzo, dando por terminada las operaciones navales y además poniendo fin a la guerra. En cuando a los marinos y soldados de mar chilenos, varios serían ascendidos por el gobierno chileno por su comportamiento en la acción naval y se les daría una medalla de honor.


[Volver]   Fecha :  12/ENE/2017