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VOCACIÓN: LA RAZÓN DE SER DEL MARINO.
VOCACIÓN: LA RAZÓN DE SER DEL MARINO. Lamartine, famoso y antiguo historiador, escribió: “Entre el cielo y el mar está el marino; uno lo cubre, y el otro lo sostiene; a veces son sus amigos, a veces son sus enemigos; y a ambos debe conocerlos para luchar y vencerlos”. Por ello, no es una casualidad que en el pasado los marinos de grumete a almirante, se hayan formado en la cubierta de buques. Tampoco lo es que nuestras escuelas nacieron embarcadas y que, en el presente, el período de instrucción en el Buque Escuela sea una etapa fundamental en la formación del marino. El servicio a bordo es la savia y razón de ser del marino y de la Armada. Los buques constituyen la columna vertebral de la Institución y sus tripulaciones la médula que da vida a la organización naval. Por ello, servir a bordo de las unidades que componen la Escuadra, otras fuerzas operativas o los buques auxiliares que, en conjunto, constituyen el Poder Naval, otorga una especial motivación a quienes sirven en las filas de la Armada. Más, la vida a bordo no es fácil, exige sacrificios y entrega total al servicio. El mar no es tan tranquilo como rezan las estrofas de nuestro himno patrio, ni el viento la suave brisa que incite a adentrarse en el océano. Viento y Mar desatados configuran un ambiente hostil al que hay que adaptarse, al que hay que vencer, para luego combatir en las mejores condiciones al adversario. Las largas horas de vigilia y los prolongados cruceros obligan a vivir separado de la familia y de los amores y en una permanente tensión, exigida por el cumplimiento del deber, como no existe en otra actividad. Las dependencias de los buques de guerra distan mucho de ser las existentes en los cruceros turísticos; Sin embargo, en uno y otro las obligaciones marineras son las mismas. Los buques que son cada vez más complejos y tecnificados, exigiendo mayores conocimientos, mayor dedicación y mayor responsabilidad. Esto exige calidad intelectual y una capacidad profesional cada vez mayor. El esfuerzo personal y espíritu de sacrificio es exigido al límite de la capacidad humana, lo que entraña cada vez una fuerte vocación de los marinos. La vocación no se improvisa, ni es consecuencia del azar; se nace con ella, se cultiva en el aprendiz y se fortalece en el tripulante. No obstante, las costumbres imperantes a bordo, el régimen y las normas de convivencia y disciplina que rigen la vida diaria en los buques y la lucha permanente contra el medio en que se desenvuelve fortalecen el cuerpo y templan el alma del marino. Y, la profesión, para quienes la abrazan con amor, trasciende más allá de los años dedicados a ella. El ejercicio de la carrera naval imprime una huella imborrable que hace que el marino sienta nostalgia por lo que perdió cuando se desembarca y mucho más, cuando es llamado a retiro. El retiro no es la fuga y la jubilación no es la liberación. Se continúa navegando en buques que ya no son una realidad sino un ensueño, por lo que el alma del marino nunca muere. Vaya nuestro homenaje para el personal que tiene el privilegio de estar embarcado en los buques de nuestra Escuadra y otras unidades de la Marina de Guerra de Chile Editorial Revista “Vigía” N° 5 de 1965. ¡Viva Chile! Colaboración de Manuel Chamorro Moreno, Suboficial (R) Armada


[Volver]   Fecha :  26/ENE/2017