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EN UN DÍA COMO HOY
NACIMIENTO Y MUERTE DEL “METEORO”. Hasta mediados del siglo XIX casi todo lo que se consumía o se utilizaba en Chile, que no fuera alimento, provenía del extranjero. En esa época, con el arribo de inmigrantes, en su mayoría ingleses y alemanes, comenzó a desarrollarse una pequeña “Revolución Industrial” que permitió evitar la excesiva dependencia de productos que llegaban desde el otro lado del mundo. En este contexto, desde el área metalmecánica surgieron varias empresas que se dedicaron a construir máquinas, herramientas, puentes, ferrocarriles, instalaciones industriales y hasta armamentos. Una de ellas fue la Maestranza de Lever & Murphy, que se inició en Valparaíso, hacia 1860, para luego establecerse en los terrenos que hoy ocupa la playa Caleta Abarca, en Viña del Mar. Además de trenes a vapor, puentes, instalaciones portuarias y faros, la maestranza se dedicó a construir y reparar embarcaciones. Recompuso el Huáscar después del combate de Angamos, armó unas torpederas que llegaron importadas en cajas desde Inglaterra, construyó algunos remolcadores, pontones para carga y descarga de los buques. Pero su obra cumbre, fue el escampavía Meteoro, el primer navío con casco metálico hecho en Chile. El diseño de la nave se basó en el del Colombain, un vapor estadounidense que atracó en Valparaíso en 1896 y cuyo destino era la inspección de faros, misma finalidad que se pretendía para la nave que se iba a construir en el país. En febrero de 1900 el gobierno aprobó el presupuesto de 295.080 pesos oro y poco después se puso la quilla que soportaría los 49,5 metros de eslora por 8,10 de manga. Debía desplazar 625 toneladas, aunque su capacidad llegó a ser de 800 con algunas modificaciones que se hicieron durante el proceso de construcción. Sus dos motores desarrollaban 400 caballos de fuerza cada uno, permitiéndole alcanzar hasta 13,5 nudos de velocidad. Salvo algunas partes imposibles de fabricar en Chile, la mayoría de las piezas se fabricaron en el país, lo mismo que el casco de acero, el primero hecho en este material. Durante su construcción, que duró un año y medio, se emplearon entre 250 y 300 obreros diarios, convirtiendo a Lever & Murphy en una de las principales fuentes laborales de la zona, en esa época. La elección de esta maestranza no fue antojadiza, además del precio, se tomó en cuenta la opinión del Gobernador Marítimo de Valparaíso: "El único que se puede llamar astillero, es el construido en el lugar denominado Caleta Abarca por los señores Lever, Murphy i Ca. i en el cual se armaron las torpederas Guardia Marina Contreras e Injeniero Mutilla. Este astillero ofrece espacio más que suficiente para poder tender quillas de 90 a 100 metros de eslora i la caída de la carrera, por su profundidad, permite construir naves de 1.000 toneladas más o menos". Transformado en un evento, el lanzamiento del Meteoro, el 24 de noviembre de 1901, convocó, junto al Presidente de la República, señor Germán Riesco, a casi todos los vecinos de Viña del Mar y Valparaíso. Incluso se cobró una entrada de 40 centavos en beneficio del Hospicio de Viña del Mar. El Diario La Unión, del puerto, recomendaba no concurrir con niños y los dueños de embarcaciones menores ofrecían sus servicios para asistir al acontecimiento desde el mar. El mismo diario informaba que los cerros aledaños estaban repletos de espectadores deseosos de ser testigos del evento. Los discursos estuvieron a cargo de Víctor Domingo Santa María, a nombre de los constructores y del Ministro de Marina, Beltrán Mathieu, en representación del Gobierno. Luego, en medio de la expectación, se procedió a la botadura. La nueva nave se desplazó por la carrera, se sumergió la popa y comenzaron a funcionar sus motores en reversa. Pero cuando se había internado en el mar unos doscientos metros, una mala maniobra hizo que diera un giro y se dirigiera directamente hacia el destructor “Riquelme”, al que embistió por un costado. Ambas naves sufrieron daños menores, pero el hecho le dio una espectacularidad inesperada al evento. No es difícil de imaginar la expectación que produjo entre los asistentes este fortuito accidente. Durante días en la zona no se habló de otra cosa, especulándose respecto a sus causas. El viaje inicial del Meteoro, el 12 de febrero de 1902, fue con destino al archipiélago Juan Fernández, trasladando cuarenta colonos, un sargento de policía y tres guardianes, destinados a instalar el primer retén policial de la isla. De ahí se dirigió al sur, para cumplir el objetivo para el que fue construido; el abastecimiento de los faros de la zona austral. Durante diecisiete años prestó servicios sin mayores contratiempos en una zona particularmente veleidosa para los navegantes. El 10 de mayo de 1918 zarpó de Punta Arenas, al mando del capitán de Corbeta Agustín Prat von Steiz, con la misión de abastecer los faros de la boca oriental del Estrecho de Magallanes. Una semana después, mientras se encontraba fondeado para abastecer el faro Dungeness, se levantó una marejada que obligó a su comandante a buscar una nueva ubicación, para evitar que elementos delicados que portaba sobre cubierta cayeran al mar o dañaran a los tripulantes. Pero el clima empeoraba y todos los resguardos parecían pocos para evitar que la nave se dañara con el viento y la marea. Mientras el comandante ordenaba maniobras para eludir una tragedia, la mala suerte quiso que un cabo suelto se enredara en la hélice, dejando la nave a merced de los elementos. El ancla fue incapaz de mantener al Meteoro en su sitio, y el mar y el viento lo arrastraron a la playa, donde se destruyó totalmente. Murieron dos oficiales, nueve marineros y la esposa junto al hijo de un farero, que viajaban como pasajeros. Con la botadura del Meteoro, las autoridades se dieron cuenta de que era posible tener en el país una industria naviera que permitiera economizar divisas que se gastaban para traer barcos desde el extranjero. Se comprometieron a estudiar un plan a largo y a mediano plazo para continuar con este emprendimiento. Le prometieron a Lever & Murphy que pronto llegarían nuevas órdenes de compra y estos laboriosos empresarios se empeñaron en modernizar sus instalaciones. Los contratos nunca llegaron y la empresa comenzó una declinación que terminó con su desaparición hacia 1920. Fernando Lizama- Murphy – Julio 2015


[Volver]   Fecha :  24/NOV/2016