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EN UN DÍA COMO HOY
Del año 1875, un furioso temporal se desata en Valparaíso, y pone en serio peligro a la corbeta "Esmeralda", produciéndole daños, lo que obliga a trasladar la Escuela Naval, que funcionaba a bordo, al vapor "Ancud". El 24 de mayo de 1875, hallándose la “Esmeralda” en la bahía de Valparaíso, se desató un violento temporal. La nave se encontraba amarrada con cadenas a su boya. Como el tiempo se había presentado bonancible y nada hacía esperar un cambio meteorológico de magnitud en pocas horas, sus dos jefes estaban en tierra. Lynch había bajado como cualquier día y él, Arturo Prat, se encontraba con licencia por una ligera enfermedad. En la noche del 23 al 24 de mayo el ligero viento del norte fue arreciando rápidamente y se transformó en un desatado temporal. Al amanecer en la bahía inmensas olas barrían las cubiertas de las naves y sus tripulantes a duras penas podían caminar contra el fuerte viento. El vapor “Valdivia" fue arrojado contra la “Esmeralda" cortándole las cadenas, rompiéndole el bauprés y echándole abajo el palo trinquete, quedando la corbeta al garete, para luego embestir al vapor “Maipú". En esta angustiosa situación llegó a bordo el Comandante Lynch, quien tuvo que subir por un cabo lanzado desde cubierta al bote fletero en el cual se trasladó desde tierra. Poco después lo hacía el Segundo Comandante, Capitán de Corbeta Arturo Prat, quien pese a encontrarse enfermo en su domicilio, se fue a bordo en una embarcación fletera que pagó a precio de oro. Los más animosos remeros habían rehusado llevar al personal a bordo y ni aún pagándoles precios exorbitantes, pero ante las exigencias de Lynch, por un lado y de él, por el otro, cada bote accedió, a su turno, a dejarlos a bordo. Bogó junto a los remeros y todos se afanaron para llegar a la corbeta, subiendo y bajando sobre las crestas espumosas de las olas, exponiendo la vida, tanto a la ida, como a su regreso a tierra. A pocos metros del costado de la corbeta, al no poder atracar el bote que lo conducía, ya que se podía dar vuelta, se lanzó al agua y se acercó al buque a nado. Fueron sólo algunos pocos metros y desde a bordo le arrojaron un cabo por el que subió a cubierta, desde donde se encargó de dirigir la maniobra que le permitiera a la corbeta capear el temporal. La tarea la realizó con el extremo de un cabo amarrado a la cintura y el otro a un mástil, de modo de tener la suficiente libertad de movimiento y a la vez con la seguridad de no caer al agua por las grandes escoras del buque. Igual procedimiento había adoptado Lynch en la toldilla. Después del agotador trabajo y porfiada lucha, el Comandante Lynch consiguió varar al buque de proa, ya de noche, frente a la actual estación de ferrocarriles, en el sector de El Barón, en la desembocadura del estero de Jaime, actual Avenida Francia. Allí, como se pudo, se pasaron cabos a tierra. Se despojó del cabo que lo ataba y procedió a dirigir la maniobra de pasar espías, tanto para afirmar el buque como para poder abandonarlo, pues ya no podía hacerse otra cosa a bordo, sino que esperar en tierra que pasase la tormenta. Los oficiales de marina y la tripulación que se hallaba en tierra procedieron al salvamento de la gente, lográndose hacerlo sin ningún percance a las tres y media de la mañana, gracias a la brillante labor que había desplegado desde a bordo. El último que dejó la nave fue el Comandante Lynch. Pasado el temporal y vuelta la tranquilidad, se logró salvar a la “Esmeralda" gracias a las atinadas medidas tomadas por el Mayor General del Departamento de Marina, Capitán de Navío Juan Williams Rebolledo y sus colaboradores, con ayuda del vapor “Ancud" y el remolcador “Adela," que pudieron zafarla y remolcarla lejos de la playa para ser llevada al dique.


[Volver]   Fecha :  24/MAY/2016